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Yo te extrañaré Cap 2.

Lo incierto no puede ser tan malo.


Se estacionó con el auto afuera de una de las tantas casas color marrón, el vecindario parecía acogedor a simple vista pero en ese instante no había nada que lograra calentar sus emociones y hacerlas chispear, había pasado por una perdida bastante desagradable que había dejado un hueco dentro de su alma y un vacío existencial en su estilo de vida.

Aun no salía el sol y el tono azulado del amanecer daba un hermoso tono azulado a todo a su al rededor, era hermoso, demasiado que sintió que no merecía verlo, recargó su frente contra el volante vacilando si salir o no y aun con la cabeza contra el volante su diestra se animó a abril a portezuela y su cuerpo salió casi obligado sin muchas ganas. De pie recargando su torso contra su auto admiró la enorme casa de dos plantas.
Dejó salir un suspiro y cerró la puerta del auto con fuerza y se encaminó rodeando su auto hacia la puerta del copiloto y sacó una caja de cartón, la tomó en brazos y caminó hacia la puerta de su nueva casa rebuscando las llaves en el bolsillo de su abrigo se plantó frente a la puerta, encontró las llaves después de una exhaustiva búsqueda y sosteniendo con dificultad la caja en un solo brazo introdujo la llave en la cerradura para dar vuelta y abrir la puerta.

Se quedó suspendido sobre el umbral de la puerta para admirar su interior, el olor a pintura aun podía apreciarse,a pesar de que ya había tenido un anterior dueño no lucía maltratada, agradeció el gesto de su dueño anterior por haber pintado la casa antes de marcharse, aunque los tonos rosados no eran mucho de su agrado. Dejó la caja de cartón sobre el suelo y cerró la puerta mientras se dedicaba a recorrer los pasillos, la estancia, la recamara y el baño, una enorme casa para un hombre de 27 años soltero, bajó el rostro hacia el suelo intentando ocultar su expresión como si alguien le observara y pudiese adivinar lo que pensaba exactamente en ese momento.
Sí, pensaba que esa casa la pudo haber compartido con ella, pudo haber creado y albergado muchos recuerdos, caminó hacia la cocina y la imaginó ahí de pie frente a la barra picando verdura, que cruel era la mente humana, podía llevarte al cielo con los mismo sueños pero también era capaz de enviarte al infierno para torturarte de esa manera soñando con un oasis en medio del desierto,negó un par de de veces agitando suavemente su cabeza como si pudiera borrar la imagen mental que se había formado en aquel lugar de la cocina.
Con su piernas rígidas subió al segundo piso de la casa y se adentró a las habitaciones, el aroma era similar, pintura al menos esta vez no le traía recuerdos, una vez que recorrió la casa a solas y en silencio bajó nuevamente por las escaleras hasta el recibidor en busca de su caja de cartón en la que guardaba parte de su vida, sacó de ella un trofeo que había ganado en el instituto en campeonato de fútbol lo colocó en el suelo, también sacó un pequeño peluche que le había regalado su hermana menor, eso le sacó una sonrisa pues ahora su hermana era una hermosa mujer que se había casado antes que él, y por ultimo... un porta retrato vacío, probablemente esa era su pertenencia más preciada, la llevó contra su pecho abrazándola, aferrándola como si algo quisiera arrancársela y ahí sentado sobre el piso sus ojos se cristalizaron humedeciendo sus mejillas, no había llorado, no lo había hecho nunca como ese día.

No supo cuantas horas pasaron pero al fin sus ojos se habían cansado de llorar, miró por una vez más ese porta retrato separandolo de su pecho y se puso de pie para colocarlo sobre la repisa de la ventana como si en él existiera una imagen que contar y aunque realmente no pareciera que tuviera alguna, realmente si existía, era la historia de su amor que no pudo realizar, ese portaretrato vacío representaba la ausencia de esa mujer que marcó su existencia.
Capitulo 3

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