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Capítulo 3.
Un día a la vez.
Un día, una semana, un mes, un año, y las hojas de los árboles lograron caer durante 4 otoños, el tiempo no pasaba en vano pero la herida dentro de su corazón aún continuaba latente recubierta por una fina capa que le permitía sonreír de vez en cuando, al menos alguien ya había llegado a su vida, un extraño perro que rescató de un refugio, parecía una bola de pelos con mechones saltando por todo su cuerpo y un rabo ensortijado que hacía una cascada de pelo de su propio rabo, era todo un caso, inteligente, vivaz y sobre todo cariñoso, sí, ese era el tipo de compañía que necesitaba.
También por órdenes de su psiquiatra había adquirido una planta, era un pequeño bonsái de flores de cerezos que florecía y en los meses de febrero quedaba lentamente desnudo perdiendo la hermosura de sus flores, pero era feliz, al menos eso aparentaba y aunque no hablaba mucho con la gente tenía un empleo, un cargo importante en la compañía de su padre, su vida poco a poco comenzaba a reconstruirse pero aún a pesar de todo eso el portarretrato con el que llegó a esa casa seguía vigente y empolvado, no deseaba tocarlo ni siquiera para limpiarlo pues temía romperse, quebrarse ahí y echar a la basura todo lo que había conseguido a lo largo de ese tiempo.
Como todas las mañanas ya había trazado un plan de día, se levantaba directo al baño a hacer sus necesidades estirando su cuello, jalaba la palanca y abría la regadera, y como siempre se azotaba bajo el chorro de agua fría para despertar, a pesar de eso nunca enfermó, pero ya sería demasiado, si su alma estaba tan enferma y poco sosegada como para llevar como cruz un cuerpo débil y enfermizo. Salía de la regadera como siempre enredado con una pequeña toalla a la cintura y buscaba entre su armario el concepto casual de a diario para ir a trabajar, todo era un ritual, salía hacia la puerta y recogía el periódico, lo leía mientras desayunaba, y a un cuarto para las siete se ponía de pie para cepillar su dientes apresurado y salir corriendo hacia su auto para dirigirse a su trabajo.
Durante 4 años el mismo camino, la mis gente, las mismas calles, el mismo lugar, el mismo trabajo, no había cambiado nada y se sentía “casi” completo. Una que otra vez se veía empañado por el recuerdo y había fines de semanas que frecuentaba el mismo bar y tomaba algunas escazas 5 copas que bastaban para hacerlo volver a casa semi-mareado pero nada grave, todo pasaba con más tranquilidad.
Su familia solía preocuparse, su madre lo llamaba a diario pero a veces no respondía el teléfono para no preocuparla.
Esos eran sus días, esos exactamente eran los días que habían trascurrido durante 4 años en la vida de Park Yoochun.
-Te he dicho que necesito un asistente, ¿Es tan difícil conseguirme uno? –su mano sostenía el teléfono con fuerza casi temblando de ira, ese día en especial su paciencia se había ido a la mierda, la secretaria de su compañero de su colega Jung Yunho había derramado café en su camisa, y por supuesto no llevaba una de repuesto. Yunho quien no podría llamarse uno de sus mejores amigos pero solía ser lo más cercano que tenía a ello irrumpió en su oficina.
-Lo siento de verdad, esa chica es distraída, te eh traído una camisa que mandé a traer de la tintorería, debería de cambiarte y enviaremos esa-propuso en un tono bastante amable esperando que eso llegara a calmarlo.
Resoplando por el hecho de que no era su talla aceptó el ofrecimiento llevando sus manos hasta los botones de su camisa para despojarse de ella y colocarla sobre el respaldo de su sillón; Yunho se acercó hasta ese lugar y tomó la camisa manchada y olorosa al aromático café y se la llevó para dejarlo expuesto a su privacidad evitando así incomodarle mientras se cambiaba.
De nuevo esa joven que había cometido el error de quemar a uno de los ejecutivos más importantes de la empresa hizo una parición abriéndola puerta, con las rodillas temblorosas y la voz de la misma forma, anunció a un aspirante para el cargo de asistente general.
En realidad nunca le había agradado la idea de tener un asistente que le siguiera a todas partes, eso implicaba muchas cosas que a él no le agradaban del todo, como por ejemplo compartir la misma mesa, tener que saludarle todas las mañanas y tal vez, hasta sonreírle por cortesía, eso no le agradaba ni en lo más mínimo.
Soltó un suspiro para calamar su temperamento y no volver a gritar a la pobre mujer que se encontraba a un en el umbral de la puerta.
-Hazle pasar, y trae algo de beber…-hizo una pausa ante su orden y levantó la vista para mirarle- Y esta vez asegúrate de no derramar nada sobre mi ¿Entendido? –No acostumbraba a ser grosero pero tenía que asegurarse de conservar esa camisa sin una mancha siquiera.
La mujer asintió nerviosa ante la petición con una apenas audible voz respondió
-S-sí señor- Juraría que la pobre contuvo el oxígeno resguardado en sus pulmones pues apenas al cerrar la puerta soltó un suspiro largo y separó frente al aspirante nerviosa.
-Puedes pasar, mucha suerte- soltó de forma natural para apresurarse a hacer el pedido de su malhumorado jefe.
El chico se encogió de hombros y frunció el ceño levemente mientras observaba a la mujer perderse entre la multitud de personas que iban de un lugar a otro con pilas de papeles entre sus brazos…
-¿Qué no existen ordenadores en este lugar? –Se preguntó en voz alta para después posar sus nudillos sobre la enorme y gruesa puerta de madera de roble.
La invitación que se escuchó al otro lado de la puerta le hizo abrir casi de inmediato y colocando la mejor de sus sonrisas a pesar de sentirse nervioso pues en realidad necesitaba el trabajo se adentró hacia la enorme oficina.
-¡Buen día!, Mi nombre es Kim Junsu, y soy aspirante al puesto de asistente general.-Esa fue su mejor presentación tal vez pues casi de inmediato hinchó el pecho sintiéndose orgulloso de ella… pero ¿Qué sucedía?, su futuro jefe ni siquiera se había molestado en levantar la vista que mantenía clavada en los documentos que sostenía en sus manos, por lo visto, no tenía ni siquiera la intención de mirarle, solo pudo ser merecedor de una seña que hizo con su mano indicándole que tomara asiento.
No muy animado y abultando los labios se acercó como le fue indicado y se sentó sin ni siquiera ser notado, a decir verdad le había molestado un poco ¿Qué clase de persona niega un saludo?, ¿Tendría que trabajar con ese hombre antisocial? , las preguntas asaltaron en su cabeza una a una, ¿cómo es que tenía tan mala suerte?, y su expresión de disgusto ahí seguía cuando repentinamente su entrevistador levantó la mirada y lo atrapó en pleno gesto de niño berrinchudo...
Yoochun le miró extrañado, intrigado y ¿Molesto?, sí, eso parecía…
-¿Sucede algo? –Cuestionó ladeando su cabeza algunos cuantos grados-
-¿Eh?... Oh, no… para nada –Una sonrisa nerviosa se formó en sus labios intentando pasar desapercibido y no es que a Yoochun le interesara el estado de ese chico pero le pareció bastante extraño tener a un “mocoso” frente a él con toda la actitud de un niño al que se le ha negado comprarle un dulce.
Resopló con disgusto y nivelando los documentos con suma paciencia los colocó sobre la superficie de su escritorio, se acomodó los lentes y apoyó sus manos sobre el escritorio, apenas sus labios se entreabrían para articular palabra cuando Suzy la desafortunada secretaria irrumpió por la puerta nuevamente con una bandeja que contenía dos humeantes tazas de café.
-¡Aquí está su orden señor!-Articuló de la forma más animada lo que terminó por sacar de quicio al empresario.
¿Qué demonios les sucedía todos en ese lugar?, ¿No les habían enseñado a llamar a la puerta?
-¿Quién le ha dicho que puede pasar?, señorita ¿Quién le dijo que usted puede irrumpir en las oficinas de otros en esa forma?-cuestionó hastiado mientras el aspirante al puesto miraba detallado la escena que se tornaba cada vez más incómoda.
-Deje eso y váyase –Ordeno de forma tajante haciendo que le chica rompiera en un llanto silencioso sin que él mismo pudiera darse cuenta salvo de nueva cuenta el postulante al puesto, por lo que eso le hizo sentirse tan mal que se puso de forma abrupta de pie y se atrevió a enfrentarlo sin importarle una mierda no fuera nadie en ese lugar y echara por la borda su tiempo invertido en ir a esa entrevista… pero claro ¿Quién querría un jefe como bestia?
-¿Pero que se ha creído?, ¿cree que puede tratar así a sus empleados solo por tener un cargo mayor?, ¡Está muy equivocado!, ¡Exijo que se disculpe! –Ni siquiera se dio cuenta de las palabras que le había escupido con tanto veneno por la boca hasta que sus ojos entornaron el rostro furioso y amenazante de quien hubiera sido tal vez en una paradójica vida su jefe.
-¿Qué rayos dijiste? –cuestionó saliendo del sillón reclinable de cuero en el que se encontraba sentado para medio rodear su escritorio y plantarse frente a él, su diestra se aferró de las solapas del saco del aspirante y apenas estaba a punto de levantar su puño para estrellarlo contra el rostro del chico cuando su colega, Jung Yunho interrumpió entrando por la puerta.
-¿Eh? –fue la primera reacción del moreno y después fue tirar los papeles que llevaba en las manos al piso y correr hacia el par que yacía más que dispuestos a romperse la cara.
-¡Yoochun!, ¿Qué sucedió?, ¡Su!, ¿Qué demonios hiciste para que se pusiera así? –el moreno reprendió al aspirante con tanta familiaridad que de inmediato Yoochun alejó sus manos del metido aspirante y les observó extrañado teniendo una discusión del tipo… ¿familiar?
Y en efecto así era, Yunho daba de pequeños golpes en la cabeza a del más bajo haciendo que este aventara manotazos haciéndolo ver gracioso como si fuera solo un crio para el hombre más alto, después de terminar con la reprimenda hacia el menor volvió su vista a su colega y haciendo una reverencia de 90° se disculpó.
-Por favor acepta mis disculpa y considera mi hermano menor para el puesto de trabajo, me encargaré de que no cometa errores y su comportamiento mejore.-Pidió el moreno regresando a una posición vertical y clavar una mirada casi asesina en su hermano menor.
-¡Yahh!, hyung ¿Serás idiota?, ¡ni de coña trabajo con este amargado! –declaró muy convencido el menor de los dos y cuando estaba a punto de abandonar la oficina Yunho le agarró de antebrazo y lo regreso para acercarse hasta él y susurrarle de una forma amenazante.
-Si te largas da por hecho que no podrás vivir conmigo, y hoy, esta misma noche tus cosas pararán en la calle- Declaró muy convencido mientras el menor hacía una mueca de disgusto y resignado inclinaba su cuerpo para disculparse como su hermano minutos antes lo había hecho.
Capitulo 3. Un día a la vez y un kilo de paciencia.
Capítulo 3.
Un día a la vez.
Un día, una semana, un mes, un año, y las hojas de los árboles lograron caer durante 4 otoños, el tiempo no pasaba en vano pero la herida dentro de su corazón aún continuaba latente recubierta por una fina capa que le permitía sonreír de vez en cuando, al menos alguien ya había llegado a su vida, un extraño perro que rescató de un refugio, parecía una bola de pelos con mechones saltando por todo su cuerpo y un rabo ensortijado que hacía una cascada de pelo de su propio rabo, era todo un caso, inteligente, vivaz y sobre todo cariñoso, sí, ese era el tipo de compañía que necesitaba.
También por órdenes de su psiquiatra había adquirido una planta, era un pequeño bonsái de flores de cerezos que florecía y en los meses de febrero quedaba lentamente desnudo perdiendo la hermosura de sus flores, pero era feliz, al menos eso aparentaba y aunque no hablaba mucho con la gente tenía un empleo, un cargo importante en la compañía de su padre, su vida poco a poco comenzaba a reconstruirse pero aún a pesar de todo eso el portarretrato con el que llegó a esa casa seguía vigente y empolvado, no deseaba tocarlo ni siquiera para limpiarlo pues temía romperse, quebrarse ahí y echar a la basura todo lo que había conseguido a lo largo de ese tiempo.
Como todas las mañanas ya había trazado un plan de día, se levantaba directo al baño a hacer sus necesidades estirando su cuello, jalaba la palanca y abría la regadera, y como siempre se azotaba bajo el chorro de agua fría para despertar, a pesar de eso nunca enfermó, pero ya sería demasiado, si su alma estaba tan enferma y poco sosegada como para llevar como cruz un cuerpo débil y enfermizo. Salía de la regadera como siempre enredado con una pequeña toalla a la cintura y buscaba entre su armario el concepto casual de a diario para ir a trabajar, todo era un ritual, salía hacia la puerta y recogía el periódico, lo leía mientras desayunaba, y a un cuarto para las siete se ponía de pie para cepillar su dientes apresurado y salir corriendo hacia su auto para dirigirse a su trabajo.
Durante 4 años el mismo camino, la mis gente, las mismas calles, el mismo lugar, el mismo trabajo, no había cambiado nada y se sentía “casi” completo. Una que otra vez se veía empañado por el recuerdo y había fines de semanas que frecuentaba el mismo bar y tomaba algunas escazas 5 copas que bastaban para hacerlo volver a casa semi-mareado pero nada grave, todo pasaba con más tranquilidad.
Su familia solía preocuparse, su madre lo llamaba a diario pero a veces no respondía el teléfono para no preocuparla.
Esos eran sus días, esos exactamente eran los días que habían trascurrido durante 4 años en la vida de Park Yoochun.
-Te he dicho que necesito un asistente, ¿Es tan difícil conseguirme uno? –su mano sostenía el teléfono con fuerza casi temblando de ira, ese día en especial su paciencia se había ido a la mierda, la secretaria de su compañero de su colega Jung Yunho había derramado café en su camisa, y por supuesto no llevaba una de repuesto. Yunho quien no podría llamarse uno de sus mejores amigos pero solía ser lo más cercano que tenía a ello irrumpió en su oficina.
-Lo siento de verdad, esa chica es distraída, te eh traído una camisa que mandé a traer de la tintorería, debería de cambiarte y enviaremos esa-propuso en un tono bastante amable esperando que eso llegara a calmarlo.
Resoplando por el hecho de que no era su talla aceptó el ofrecimiento llevando sus manos hasta los botones de su camisa para despojarse de ella y colocarla sobre el respaldo de su sillón; Yunho se acercó hasta ese lugar y tomó la camisa manchada y olorosa al aromático café y se la llevó para dejarlo expuesto a su privacidad evitando así incomodarle mientras se cambiaba.
De nuevo esa joven que había cometido el error de quemar a uno de los ejecutivos más importantes de la empresa hizo una parición abriéndola puerta, con las rodillas temblorosas y la voz de la misma forma, anunció a un aspirante para el cargo de asistente general.
En realidad nunca le había agradado la idea de tener un asistente que le siguiera a todas partes, eso implicaba muchas cosas que a él no le agradaban del todo, como por ejemplo compartir la misma mesa, tener que saludarle todas las mañanas y tal vez, hasta sonreírle por cortesía, eso no le agradaba ni en lo más mínimo.
Soltó un suspiro para calamar su temperamento y no volver a gritar a la pobre mujer que se encontraba a un en el umbral de la puerta.
-Hazle pasar, y trae algo de beber…-hizo una pausa ante su orden y levantó la vista para mirarle- Y esta vez asegúrate de no derramar nada sobre mi ¿Entendido? –No acostumbraba a ser grosero pero tenía que asegurarse de conservar esa camisa sin una mancha siquiera.
La mujer asintió nerviosa ante la petición con una apenas audible voz respondió
-S-sí señor- Juraría que la pobre contuvo el oxígeno resguardado en sus pulmones pues apenas al cerrar la puerta soltó un suspiro largo y separó frente al aspirante nerviosa.
-Puedes pasar, mucha suerte- soltó de forma natural para apresurarse a hacer el pedido de su malhumorado jefe.
El chico se encogió de hombros y frunció el ceño levemente mientras observaba a la mujer perderse entre la multitud de personas que iban de un lugar a otro con pilas de papeles entre sus brazos…
-¿Qué no existen ordenadores en este lugar? –Se preguntó en voz alta para después posar sus nudillos sobre la enorme y gruesa puerta de madera de roble.
La invitación que se escuchó al otro lado de la puerta le hizo abrir casi de inmediato y colocando la mejor de sus sonrisas a pesar de sentirse nervioso pues en realidad necesitaba el trabajo se adentró hacia la enorme oficina.
-¡Buen día!, Mi nombre es Kim Junsu, y soy aspirante al puesto de asistente general.-Esa fue su mejor presentación tal vez pues casi de inmediato hinchó el pecho sintiéndose orgulloso de ella… pero ¿Qué sucedía?, su futuro jefe ni siquiera se había molestado en levantar la vista que mantenía clavada en los documentos que sostenía en sus manos, por lo visto, no tenía ni siquiera la intención de mirarle, solo pudo ser merecedor de una seña que hizo con su mano indicándole que tomara asiento.
No muy animado y abultando los labios se acercó como le fue indicado y se sentó sin ni siquiera ser notado, a decir verdad le había molestado un poco ¿Qué clase de persona niega un saludo?, ¿Tendría que trabajar con ese hombre antisocial? , las preguntas asaltaron en su cabeza una a una, ¿cómo es que tenía tan mala suerte?, y su expresión de disgusto ahí seguía cuando repentinamente su entrevistador levantó la mirada y lo atrapó en pleno gesto de niño berrinchudo...
Yoochun le miró extrañado, intrigado y ¿Molesto?, sí, eso parecía…
-¿Sucede algo? –Cuestionó ladeando su cabeza algunos cuantos grados-
-¿Eh?... Oh, no… para nada –Una sonrisa nerviosa se formó en sus labios intentando pasar desapercibido y no es que a Yoochun le interesara el estado de ese chico pero le pareció bastante extraño tener a un “mocoso” frente a él con toda la actitud de un niño al que se le ha negado comprarle un dulce.
Resopló con disgusto y nivelando los documentos con suma paciencia los colocó sobre la superficie de su escritorio, se acomodó los lentes y apoyó sus manos sobre el escritorio, apenas sus labios se entreabrían para articular palabra cuando Suzy la desafortunada secretaria irrumpió por la puerta nuevamente con una bandeja que contenía dos humeantes tazas de café.
-¡Aquí está su orden señor!-Articuló de la forma más animada lo que terminó por sacar de quicio al empresario.
¿Qué demonios les sucedía todos en ese lugar?, ¿No les habían enseñado a llamar a la puerta?
-¿Quién le ha dicho que puede pasar?, señorita ¿Quién le dijo que usted puede irrumpir en las oficinas de otros en esa forma?-cuestionó hastiado mientras el aspirante al puesto miraba detallado la escena que se tornaba cada vez más incómoda.
-Deje eso y váyase –Ordeno de forma tajante haciendo que le chica rompiera en un llanto silencioso sin que él mismo pudiera darse cuenta salvo de nueva cuenta el postulante al puesto, por lo que eso le hizo sentirse tan mal que se puso de forma abrupta de pie y se atrevió a enfrentarlo sin importarle una mierda no fuera nadie en ese lugar y echara por la borda su tiempo invertido en ir a esa entrevista… pero claro ¿Quién querría un jefe como bestia?
-¿Pero que se ha creído?, ¿cree que puede tratar así a sus empleados solo por tener un cargo mayor?, ¡Está muy equivocado!, ¡Exijo que se disculpe! –Ni siquiera se dio cuenta de las palabras que le había escupido con tanto veneno por la boca hasta que sus ojos entornaron el rostro furioso y amenazante de quien hubiera sido tal vez en una paradójica vida su jefe.
-¿Qué rayos dijiste? –cuestionó saliendo del sillón reclinable de cuero en el que se encontraba sentado para medio rodear su escritorio y plantarse frente a él, su diestra se aferró de las solapas del saco del aspirante y apenas estaba a punto de levantar su puño para estrellarlo contra el rostro del chico cuando su colega, Jung Yunho interrumpió entrando por la puerta.
-¿Eh? –fue la primera reacción del moreno y después fue tirar los papeles que llevaba en las manos al piso y correr hacia el par que yacía más que dispuestos a romperse la cara.
-¡Yoochun!, ¿Qué sucedió?, ¡Su!, ¿Qué demonios hiciste para que se pusiera así? –el moreno reprendió al aspirante con tanta familiaridad que de inmediato Yoochun alejó sus manos del metido aspirante y les observó extrañado teniendo una discusión del tipo… ¿familiar?
Y en efecto así era, Yunho daba de pequeños golpes en la cabeza a del más bajo haciendo que este aventara manotazos haciéndolo ver gracioso como si fuera solo un crio para el hombre más alto, después de terminar con la reprimenda hacia el menor volvió su vista a su colega y haciendo una reverencia de 90° se disculpó.
-Por favor acepta mis disculpa y considera mi hermano menor para el puesto de trabajo, me encargaré de que no cometa errores y su comportamiento mejore.-Pidió el moreno regresando a una posición vertical y clavar una mirada casi asesina en su hermano menor.
-¡Yahh!, hyung ¿Serás idiota?, ¡ni de coña trabajo con este amargado! –declaró muy convencido el menor de los dos y cuando estaba a punto de abandonar la oficina Yunho le agarró de antebrazo y lo regreso para acercarse hasta él y susurrarle de una forma amenazante.
-Si te largas da por hecho que no podrás vivir conmigo, y hoy, esta misma noche tus cosas pararán en la calle- Declaró muy convencido mientras el menor hacía una mueca de disgusto y resignado inclinaba su cuerpo para disculparse como su hermano minutos antes lo había hecho.
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2 comentarios:
Jejejejejeejej me gusta esta historia me encanta cuando Junsu es asi de lanzado que no se deja de nadie jajajajajaj esta bueno sigue te esta quedando chevere y gracias por compartir
Muy bueno este fic tambien!! espero pronto subas el prox capo!!! y espero que Chun le de el trabajo a Su y que puedan llegar a quererse >.< -ya se imagino mil cosas- jeje XD fighting!! y sigue asi!
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